| La Ponencia de Juan de Dios Larrú |
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La primera ponencia del día, giró en torno a Dios y el matrimonio
Tras la oración que tenía lugar a las 10 de la mañana, la jornada de hoy sábado la ha abierto una ponencia de Juan de Dios Larrú, sacerdote y profesor de Teología del
Matrimonio, que llevaba por título “Dios ha pensado en la familia. Un plan con
futuro”, una ponencia de profundo contenido teológico. En ella afirmaba que “la tarea de
conocer, profundizar y realizar el designio de Dios sobre el matrimonio y la
familia resulta particularmente urgente en el ambiente social y cultural que
nos circunda, pues se constata una creciente pérdida de la identidad
matrimonial y familiar. Tras el utópico anuncio de la “muerte de la familia”,
propio del ambiente revolucionario de mayo del 68, en estos últimos cuarenta
años se ha ido modificando paulatinamente el discurso, para poner ahora el
acento en la multitud de tipos y modelos de matrimonios y familias. En el
fondo, aunque se reconoce que el matrimonio y la familia subsisten, en realidad
carecerían de naturaleza propia, pues su verdadera identidad se encontraría oculta,
oscurecida, escondida y, en última instancia, superada”.
Según Larrú “para penetrar en el “designio de Dios sobre el
matrimonio y la familia” hemos de introducirnos en la lógica del amor. En el mundo en que vivimos estamos acostumbrados,
más bien, a seguir la lógica de la
eficacia dirigida a resolver con la mayor celeridad posible la multitud de
problemas que se nos plantean. Pero una “verdad sin amor”, constituida de forma intelectualista
prescindiendo de la vida, y pretende imponer desde el exterior sus criterios y
sus reglas a la experiencia, sume al hombre en la soledad de un estéril
dominio, y un utilitarismo narcisista”.
En su
intervención señaló que “el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia no
es, por consiguiente, un plan perfecto, trazado ya de antemano, preestablecido
y predeterminado, ante el que no nos quedar más remedio que ejecutarlo
resignadamente y reproducirlo rutinariamente en nuestra propia vida, sino que
es una historia de amor que se va descubriendo, poco a poco, y se va construyendo,
paso a paso, en la particularidad de cada matrimonio y familia… La vocación de
todo hombre consiste, por tanto, en aprender a amar”. Juan de Dios Larrú afirmó que “al asumir la carne humana, Dios ha querido unirse al hombre como el esposo se une a su esposa. Este habitar de Cristo entre nosotros es el fundamento de la gracia del sacramento del matrimonio”. También se refirió a la diferencia entre el hombre y la mujer: “La diferencia sexual está orientada al amor y a la comunión interpersonal. Es importante, para superar tanto todo espiritualismo como todo materialismo, comprender que nunca puede separarse la vocación al amor de la realidad corporal del hombre”.
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